Cuándo sospechar la pérdida auditiva

Debemos sospechar la presencia de pérdida auditiva en el niño si:

Entre el nacimiento y los 4 meses:

  • No le despiertan los ruidos repentinos.
  • No llora o no se asusta al producirse ruidos súbitos muy intensos.

De los 4 a los 7 meses:

  • No se gira hacia los sonidos que quedan fuera de su vista.
  • Deja de realizar «balbuceos» y «laleos»

De los 7 a los 9 meses:

  • No busca de forma voluntaria las fuentes de sonido.
  • No «gorgotea» o «arrulla» las voces de los sonidos que no puede ver.
  • No emite sonidos con entonación.

Dels 9 als 13 mesos:

  • No imita algunos ruidos.
  • No posee balbuceos abundantes y con tonos distintos (bah, gah, dah, ma-ma, mama).

De los 13 a los 24 meses:

  • No oye cuando le llaman desde otra habitación.
  • No acude cuando se le llama o no profiere algún sonido como respuesta.
  • No emite otras palabras además de «mamá» o «papá».
  • No comprende órdenes sencillas.
  • Su voz no suena normal.

Con quién contactar

Si su hijo sufre una pérdida auditiva, ustedes pueden recurrir a distintos profesionales que les brindarán apoyo e información. Entre estos encontramos:

El audiólogo infantil

Un profesional de la salud especializado en la audiología infantil, en la realización de pruebas auditivas y en el tratamiento de niños hipoacúsicos.
Ofrece también un asesoramiento competente a los padres, adapta los audífonos y se encarga del seguimiento y la atención posterior de los niños que usan audífonos.

El otorrinolaringólogo (ORL)

Médico especializado en el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades de la garganta, la nariz y el oído.

doctora
El Logopeda / Terapeuta / patólogo del habla

Un profesional que presta servicios relacionados con la prevención, evaluación y rehabilitación en los casos de problemas del habla y del lenguaje.

Incidencia de la pérdida auditiva en niños

Según datos de la CODEPEH, en España se estima que:

  • Aparecen 378 casos de sordera profunda al año, lo que corresponde al 1 por 1000 de los nacidos.
  • 5 de cada 1000 nacidos (1.890/año) padecen sordera en distinto grado.
  • 2000 familias/año se ven afectadas por la discapacidad auditiva de sus hijos.
  • El 90% de los niños sordos nacen en familias de normoyentes.
  • El 80% de las pérdidas infantiles permanentes existen desde el momento de su nacimiento.

Factores de riesgo

El 50% de los recién nacidos con pérdida auditiva se identifican con factores de riesgo como los que detallamos a continuación:

Los factores de riesgo asociados a la hipoacusia infantil son:

  1. Sospecha por parte del cuidador acerca de retrasos en el habla, desarrollo y audición anormal.
  2. Historia familiar de hipoacusia permanente en la infancia.
  3. Estancia en Cuidados Intensivos Neonatales durante más de 5 días, incluidos los reingresos en la Unidad dentro del primer mes de vida.
  4. Haber sido sometido a oxigenación por membrana extracorpórea, ventilación asistida, antibióticos ototóxicos, diuréticos del asa (furosemida). Hiperbilirrubinemia que precisó exanguinotransfusión.
  5. Infecciones intrauterinas grupo TORCHS (citomegalovirus, herpes, rubéola, sífilis y toxoplasmosis).
  6. Anomalías craneofaciales incluyendo las del pabellón auricular, conducto auditivo, apéndices o fositas preauriculares, labio leporino o paladar hendido y anomalías del hueso temporal y asimetría o hipoplasia de las estructuras faciales.
  7. Hallazgos físicos relacionados con síndromes asociados a pérdida auditiva neurosensorial o de conducción como un mechón de pelo blanco, heterocromía del iris, hipertelorismo, telecantus o pigmentación anormal de la piel.
  8. Síndromes asociados con perdida auditiva o pérdida auditiva progresiva o de comienzo tardío como neurofibromatosis, osteopetrosis y los síndromes de Usher, Waardenburg, Alport, Pendred, Jervell and Lange-Nielsen entre otros.
  9. Enfermedades neurodegenerativas como el síndrome de Hunter y neuropatías sensorio-motrices como la ataxia de Friedrich y el síndrome de Charcot-Marie-Tooth.
  10. Infecciones postnatales con cultivos positivos asociadas a pérdida auditiva incluyendo las meningitis víricas (especialmente varicela y herpes) y bacterianas (especialmente Hib y neumocócica).
  11. Traumatismo craneoencefálico, especialmente fracturas del hueso temporal y base de cráneo que requiera hospitalización.
  12. Quimioterapia.
  13. Enfermedades endocrinas. Hipotiroidismo.